Cròniques

Crònica: viatge a Wexford

Festival de Wexford, octubre 2017

Ya son varios los viajes que, desde mi jubilación, he disfrutado con la compañía de mis Amics del Liceu.

Aparte de encomiar a mi regreso –y en dos ocasiones he dejado testimonio escrito de mi espléndida experiencia en la web de la Asociación– la buena organización del viaje, así como la cuidada selección de espectáculos y hospedajes, sin olvidar la eficaz y siempre atenta labor de nuestras acompañantes –Anna o Isabel–, en esta ocasión no puedo sino sumar algún nuevo epíteto a los ya mencionados

Y no es que desee eludir la redundancia de los ganados elogios de la actividad de nuestra Asociación pues, si merecidas son las loas, ¿por qué habríamos de ignorarlas?

No, insisto en lo ya dicho: el viaje ha sido magnífico, la compañía de Anna, con su serena simpatía, ha resultado, como siempre, un soberbio aderezo, pero no puedo soslayar que nuestra visita al Festival de Wexford ha sido algo exquisito y diferente.

Sí, exquisita y distinta ha sido la elección por los responsables de nuestros Amics de esta bonita y pequeña ciudad costera del sur de Irlanda para asistir a una fiesta operística realmente original: original por la rareza de las tres óperas allí representadas –Margherita de Jacopo Foroni, Risurrezione de Franco Alfano y  Medea de Luigi Cherubini (esta quizá las más conocida)–, original por la misma organización del teatro de ópera de esa ciudad que, aparte de “aconsejar” unas reglas de vestimenta, estaba atendido por voluntarios de distintas edades cumpliendo las más variadas labores –desde la de taquilla hasta la de acomodador sin olvidar las del bar y la de guardarropía– y también original por las bonitas excursiones realizadas que, por fortuna, contaron en ciertos momentos con un “oportuno” mal tiempo: de otra manera, ¿cómo disfrutar de ese maravilloso y casi cinematográfico temporal al pie del faro de Hook?

No conocía Irlanda y una tierra preciosa me ha parecido, así como muy entrañables y acogedoras sus gentes, a la par que personas cultas muy interesadas en superarse ya que, de otra forma, no puede entenderse que una pequeña ciudad como Wexford pueda ser cuna de un festival que, inaugurado en el año 1951, albergue un festival de ópera, donde las representaciones escénicas destacan tanto por la categoría de sus intérpretes como la peculiar solera de las obras escogidas.

De nuevo, mi gratitud y enhorabuena a nuestra querida Asociación.

 

Julio Cristellys
Soci d’Amics del Liceu

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